Tiempo de Noticias – Rocha es, históricamente, uno de los departamentos con mejores indicadores de calidad de agua de baño en la costa este del país. Sin embargo, el inicio de 2026 dejó un dato que encendió luces de alerta y abrió un debate de fondo sobre los criterios sanitarios, los controles ambientales y las responsabilidades institucionales. La playa Sur del Parque Nacional Cabo Polonio registró niveles de contaminación bacteriana que, bajo parámetros estrictos, rozaron la inhabilitación para baños recreativos.
Según datos difundidos por El Observador, la medición alcanzó 1.400 unidades formadoras de colonias (UFC) de coliformes fecales por cada 100 mililitros de agua, un valor muy por encima de lo habitual y llamativamente alto para una zona considerada emblema de conservación ambiental. El registro resulta aún más impactante si se tiene en cuenta que, apenas semanas antes —el 23 de diciembre de 2025—, el mismo punto había marcado solo 26 UFC/100 ml, una cifra catalogada como excelente desde el punto de vista sanitario.
El salto abrupto plantea interrogantes difíciles de ignorar. ¿Se trató de un evento puntual? ¿Hubo un foco específico de contaminación? ¿Existen controles suficientes para detectar y anticipar estos episodios? Hasta el momento, ni el Ministerio de Ambiente ni la Intendencia de Rocha brindaron explicaciones claras sobre el origen del pico, lo que deja un vacío informativo en un asunto sensible para la salud pública y la imagen turística del departamento.
Más allá del valor puntual, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural: la falta de mediciones sistemáticas de enterococos, considerados a nivel científico como el indicador más confiable para evaluar el riesgo sanitario en aguas de baño. Rocha no realiza este tipo de monitoreo de forma periódica, no por decisión técnica, sino porque la normativa vigente no lo exige. Cuando se miden, suele ser de manera excepcional y no como parte de un programa continuo de prevención.
Este vacío normativo tiene consecuencias prácticas. Sin datos regulares y comparables, la capacidad de anticipar riesgos se reduce y las decisiones se toman, muchas veces, con información incompleta. En términos simples: se reacciona, pero no siempre se previene.
La discusión se complejiza aún más al analizar qué criterio legal se aplica. La normativa uruguaya en materia de calidad de aguas data de 1979 y establece distintas categorías. La Clase 2b, destinada a aguas para recreación con contacto directo, fija dos límites claros: un promedio geométrico menor a 500 UFC/100 ml en cinco muestras consecutivas y que ninguna medición puntual supere las 1.000 UFC/100 ml. Bajo este parámetro, el registro de Cabo Polonio habría superado el umbral permitido.
Sin embargo, en la práctica, tanto el Ministerio de Ambiente como las intendencias aplican otra categoría: la Clase 3, pensada para la conservación de peces y fauna acuática. Esta clasificación es más laxa y admite promedios de hasta 1.000 UFC/100 ml y picos individuales de hasta 2.000 UFC/100 ml. Es esta interpretación la que, en los hechos, evitó la inhabilitación formal de la playa, aunque especialistas señalan que contradice el espíritu sanitario de la norma cuando se trata de uso recreativo humano.
El contraste dentro del propio departamento resulta elocuente. Mientras Cabo Polonio registró el valor más alto de la región, playas como Costa Azul, La Pedrera, La Coronilla y Aguas Dulces presentaron mediciones inferiores a 20 UFC/100 ml, entre las mejores del este del país. En La Bahía de La Paloma, en tanto, la única medición de 2026 fue de 160 UFC/100 ml, luego de cerrar 2025 con un pico de 420.
Un mismo territorio, realidades sanitarias muy distintas. Más que una anomalía aislada, el caso de Cabo Polonio expone debilidades en el sistema de monitoreo, ambigüedades normativas y silencios institucionales. En una zona que es símbolo de naturaleza protegida y atractivo turístico internacional, la señal es clara: la calidad ambiental no puede darse por sentada y requiere controles más rigurosos, transparentes y acordes a los riesgos reales para la salud.
Tiempo de Noticias / Redacción
Con base en informe de El Observador.
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